Como todos los que han fracasado en la literatura,
hoy me atrevo a ser crítico literario.
¡Pero ojo! Este fracaso solo es temporal.
Cuando fui a comprar “El amor no
es como lo pintan” del escritor manizaleño Alejo Serna, lo hice sin muchas
expectativas: más que porque esperara encontrar una gran novela, lo hice por
amor al arte, por apoyar el talento regional. Solo fue leer el inicio para
empezar a cambiar de opinión.
Uno de los errores más frecuentes
es comparar la primera novela de un joven autor con las grandes obras de la
literatura universal. Sería fácil criticar cualquier novela primeriza comparándolas
con estas últimas, pero hay que ser justos y analizarla en contexto.
Las primeras páginas dan, por lo
menos a mí, dos impresiones: primero, que es la típica historia cliché de
chico-conoce-chica, chico-se-enamora-de-chica, chica-no-corresponde-al-amor-de-chico,
chico-enamora-chica; y todos felices para siempre. Segundo, que está muy
influenciado por Coelho. Yo, aborrecedor de Coelho, estaba empezando a cansarme
de la historia porque no cargaba con la complejidad propia de la literatura que
suelo leer -pero quise darle una oportunidad ¡No podía esperar que la primera
obra de un joven autor regional se comparara con las grandes obras maestras de
Poe, Kundera o Kafka! Tal vez a los que aman la literatura liviana, como la de
Coelho, les encantaría la novela de Alejo Serna de principio a fin. Yo la
empecé a leer casi que por obligación aunque luego me dejé sobornar por la
historia y una que otra escena sexual en ella. ¿A quién no le gusta conocer el
final de una historia de amor? ¿Enterarse de cómo haría Enoc para enamorar finalmente
a Mar? ¿Qué haría Mar con su novio cuando se diera cuenta realmente que su alma
gemela era Enoc? Esa clase de preguntas, esas que embrutecen, que ponen a mi
abuela a ver novelas todas las noches de 6 a 10 p.m., me había cautivado. Con
detalles diferentes, era prácticamente la misma historia que pasaban todas las
noches en los canales de novelas que mi abuela veía a diario.
Sin embargo, solo quiero decir
una cosa mala sobre la obra: además de sus infrecuentes pero existentes errores
de ortografía y puntuación (a cualquiera se le puede pasar uno que otro), el protagonista
parece una versión mejorada y estilizada del autor (aunque sea metalero y venda
manillas), al menos en el sentido moral. Por mi parte, voy con la propuesta de
Rolan Barthes de asesinar al autor y darle paso al nacimiento del lector. Que
el lector sea, como diría Nietzsche, un rumiante que interprete en vez de
esperar que todo le llegue ya digerido;
que el autor pierda su identidad propia y deje que el lenguaje hable por sí
solo. Claro que hay un par de preguntas que me quedan, no sé si porque Alejo
Serna las dejó abiertas adrede o por descuido. Si Gabo era hijo de Gloria igual
que Mar, ¿entonces los dos hermanos cometieron incesto? ¿De dónde conocía Enoc
a Gabo, Daniel y Mateo? ¿De dónde consiguió Enoc tanto dinero para darle a Mar
todo lo que le dio?
Si algo quiero rescatar, y que me
pareció maravilloso, fue su descripción de Manizales; específicamente un
apartado que me atreveré a citar:
Manizales
también era conocida como la ciudad más culta del país, bueno… la verdad no
quiero que me pregunten quién se inventó eso. Tal vez en esa época medían la
cultura según el grado de paciencia de los habitantes. No se veían carros
pitando en medio de los trancones ni gente acelerada por la carrera 23, tampoco
había afán en los restaurantes ni en los centros comerciales. Gente paciente,
gente que saluda y se despide, gente que dice ‘por favor’ y ‘perdón’. Gente
conforme; gente, tal vez feliz (Serna, 2015, Pág. 17).
Creo que pocas veces se ha
descrito tan bien a la ciudad e, incluso, me atrevería a afirmar que nunca tan
bien. No me refiero a la redacción (que puede ser notablemente mejorada), sino
a su descripción tan fiel y objetiva. Uno que ha vivido tanto tiempo en esa
pequeña ciudad sabe que lo que el autor narra sobre ella es muy fidedigno a la
realidad.
Cuando pensé escribir esta
crítica –que fue antes de terminar de leer la novela- pretendía decir algo como
lo siguiente: “definitivamente una novela para comprar, pero solo para apoyar
el talento local”. Ahora digo lo siguiente: definitivamente una novela para
comprar; su desenlace lo vale. Pocas veces uno se aburre con la novela –hablo por
nosotros, los aborrecedores de la literatura similar a la de Coelho- y se
emociona tanto con el final. No quiero arruinárselo, cómprenlo y léanlo.
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