domingo, 2 de octubre de 2016

HE RENUNCIADO A MI NACIONALIDAD



Estoy escribiendo en caliente. Hace pocas horas Colombia vivió el momento más vergonzoso de toda su historia: decidió seguir con el conflicto interno más longevo del mundo. Esta fue la razón, y no otra, para que decidiera renunciar a mi nacionalidad. ¡Qué vergüenza me da decir que soy colombiano! Hay que vivir en el peor país del mundo para que su gente decida que es mejor continuar con una guerra que trae sufrimiento, odio, rencor y gastos económicos inútiles, que vivir en paz. No tengo palabras para describir cómo me siento en este momento: es una mezcla de odio, tristeza, decepción, rencor, ganas de maldecir a diestra y siniestra y de comprar el primer tiquete de avión e irme de este ridículo país. 

He decidido renunciar a mi nacionalidad porque no soporto pertenecer país grotesco que será el hazmerreír de la comunidad internacional por muchos años. Ya veo cómo en los libros de historia enseñan a los niños europeos que en Colombia se pudo resolver una guerra de cincuenta años y que su gente decidió que no fuera así. Ya veo los comentarios jocosos de los profesores de aquellos colegios, llamándonos retrasados, tercermundistas, colombianos. Colombiano será una palabra para llamar a todo lo estúpido que se realiza por ignorancia. Cuando un colombiano llegue al exterior y se presente como tal, muchos le mirarán de modo burlesco, otros con profunda tristeza y muchos otros con asco, porque este país –al menos su gente-, lo único que puede generar es eso. 



Lo repito: estoy escribiendo en caliente, pero es en caliente cuando se dicen las verdades. He renunciado a mi nacionalidad y, aunque legalmente siga siendo colombiano –por el momento-, de corazón no lo soy más. Así que, mientras busco asilo en otro país, a mis amigos en el exterior les pido algo de compasión y que se apiaden de este pobre hombre al que le repudia este país. Valeria en España, Adriana en México, Erik en Estados Unidos, Mario en Argentina, Jess en Japón, Alif en Bangladesh… ¡Tengan piedad!